Dejé de estar solo gracias a las prostitutas de Barcelona
Era nuevo en la ciudad. Me acababa de licenciar en Derecho y, con el título bajo el brazo, dejé mi pueblo para dirigirme a la ciudad condal, donde me establecí. Quería vivir en la gran ciudad y, además, pensé que me sería más fácil encontrar trabajo. Lo que no esperaba es que acabaría con mi soledad gracias a las prostitutas de Barcelona.
Encontré un trabajo mal pagado en un bufete de abogados. Mis jefes eran altivos y de pocas palabras. Mis compañeros no estaban interesados en que formase parte del equipo o, al menos, así me lo demostraban, con bufidos cada vez que tenía una pregunta o ignorando mis “buenos días” por la mañana.
Sin embargo, no era todo tan terrible: la secretaria del jefe venía siempre con un escotazo de infarto. No tenía unas tetas muy grandes, pero sabía lucirlas. Además, siempre que asomaba por la puerta, se inclinaba de manera que yo siempre le veía una buena parte del escote. Y creo que sabía lo mucho que me ponía que fuera tan borde pero que siempre se acercara a mí estratégicamente enseñando sus encantos.
Yo salía del trabajo frustrado, cansado de mis compañeros y con unas ganas tremendas de follarme a la secretaria. Y estuve así varias semanas, pensando en sus tetas e imaginando que me corría en ellas mientras me aliviaba en casa, nada más entrar por la puerta.
Un día, se me ocurrió buscar prostitutas en Barcelona. Fue más fácil de lo que pensaba: sólo tuve que buscar “prostitutas Barcelona” en Internet. Al principio, me daba mucha vergüenza, ya que nunca había estado con una. Pero contacté con una pelirroja preciosa (su coño me descubrió que era su color de pelo natural) que no sólo me dio una hora de sexo salvaje, sino que también me dirigió las primeras palabras amables que había escuchado en semanas.
Además, cuando me fui de allí, me dijo que volviera, que me haría precio por un trío con otra prostituta. Sus tetas sustituyeron a las de la secretaria en mi cabeza, y no me lo pensé dos veces: volví a contactar con ella esa semana, y entre ella y su amiga, me dieron las mejores corridas de mi vida.
Desde entonces, supe llevar mejor mi vida laboral. Seguí contactando con las prostitutas de Barcelona y esto me dio gran seguridad para empezar a ignorar tanto a mis compañeros como a la sexy secretaria, pero creo que mi indiferencia la puso cachonda, porque un día entró a mi despacho, se me echó encima y empezó a agarrarme la polla. La puse de espaldas, le subí la falda y me la follé contra la mesa.
Un año después, me hice autónomo, monté mi propia empresa y me llevé a la secretaria del jefe en cuanto empezó a irme bien. Y todavía, de vez en cuando, hago una visita a las prostitutas de Barcelona que me trataron tan bien.